Del discurso a la realidad: El Paquete Económico a prueba

Artículos de opinión
Por Jorge Treviño
21/09/2026

Hoy, la discusión pública da un paso crucial. La Secretaría de Hacienda presenta ante el Congreso el Paquete Económico. Si el Informe de Gobierno fue la narrativa, el presupuesto es la acción: aquí es donde las intenciones se convierten en números, compromisos y prioridades.

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Jorge Treviño

 

Hace un par de semanas analizaba por este medio el Informe Presidencial. Señalaba cómo los datos optimistas de la narrativa oficial dejaban vacíos importantes al no contrastarse con metas de desempeño, inflación o crecimiento potencial. Advertía también que la política distributiva —por necesaria que sea— no puede sustituir a la política productiva, y cerraba con una máxima fundamental: no se puede gastar lo que no se genera.

Hoy, la discusión pública da un paso crucial. La Secretaría de Hacienda presenta ante el Congreso el Paquete Económico. Si el Informe de Gobierno fue la narrativa, el presupuesto es la acción: aquí es donde las intenciones se convierten en números, compromisos y prioridades.

Desde el sector empresarial y a través de COPARMEX, vemos en este paquete una oportunidad para dejar atrás la inercia presupuestaria. México necesita finanzas públicas ordenadas, con visión de largo plazo, y una reorientación estratégica del gasto que fortalezca la confianza y genere condiciones para crecer.

Para lograrlo, el presupuesto debe atender tres premisas fundamentales:

Eficiencia recaudatoria sin ahogar al formal. El compromiso de no crear nuevos impuestos es positivo, pero la consolidación fiscal debe basarse en combatir la evasión y ampliar la base de contribuyentes, no en apretar a los de siempre: las empresas y trabajadores que ya cumplen.

Evaluación y viabilidad del gasto. Cada peso gastado debe generar valor y estar sujeto a resultados medibles. Esto aplica especialmente a las Empresas Públicas del Estado, como Pemex y CFE. No podemos seguir comprometiendo recursos de manera recurrente sin planes claros de saneamiento, eficiencia y rendición de cuentas que garanticen su viabilidad financiera.

Inversión productiva como motor de desarrollo. El endeudamiento y el gasto público pueden justificarse cuando se destinan a proyectos con rentabilidad social y económica comprobable, pero no para sostener de manera permanente el gasto corriente. Para elevar la productividad y detonar empleos formales, los recursos deben orientarse a resolver los cuellos de botella del país: seguridad, salud, educación, infraestructura, energía y agua.

El verdadero reto no está solamente en cuánto se recauda o cuánto se gasta, sino en qué resultados obtenemos por cada peso de los mexicanos. El Paquete Económico será una prueba de congruencia: la estabilidad de las finanzas públicas no se construye con discursos, sino con decisiones responsables y resultados medibles.

México tiene oportunidades, pero para aprovecharlas necesitamos recuperar inversión, productividad y confianza. No se trata solo de gastar mejor; se trata de crear las condiciones para generar más.