La verdadera esencia de ser empresario

Artículos de opinión
Por Jorge Treviño
19/09/2025

En México, la figura del empresario suele ser cuestionada y descalificada. Se le asocia con privilegios, con la concentración de riqueza, con abusos laborales o con relaciones turbias con el poder político. No son pocos los discursos que lo presentan como enemigo de la justicia social o símbolo de la desigualdad. Esa visión, sin embargo, resulta incorrecta e injusta.

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Jorge Treviño

En México, la figura del empresario suele ser cuestionada y descalificada. Se le asocia con privilegios, con la concentración de riqueza, con abusos laborales o con relaciones turbias con el poder político. No son pocos los discursos que lo presentan como enemigo de la justicia social o símbolo de la desigualdad. Esa visión, sin embargo, resulta incorrecta e injusta.

Ser empresario no es sinónimo de privilegio fácil. Ser empresario significa asumir riesgos que pocos están dispuestos a correr: invertir capital propio en un proyecto que puede fracasar; generar empleos y sostener nóminas incluso en momentos de incertidumbre; crear valor a través de la innovación; adaptarse a las necesidades cambiantes del entorno y solucionar problemas con tenacidad y resiliencia.

Detrás de cada empresa hay historias reales: trabajadores que encuentran una oportunidad, familias que logran salir adelante, comunidades que reciben desarrollo e infraestructura. Cada negocio, grande o pequeño, es también un espacio de sueños compartidos, donde el esfuerzo colectivo se convierte en logros que trascienden al empresario y alcanzan a toda la sociedad.

Cada peso invertido con visión empresarial se transforma en valor: impulsa cadenas productivas, fortalece proveedores, genera empleos, aporta impuestos —el principal ingreso del gobierno— y promueve desarrollo social. Es la energía que mueve la economía y que, con frecuencia, marca la diferencia entre el estancamiento y la movilidad social.

Es cierto, ha habido empresarios que se han beneficiado indebidamente del poder político o que han abusado de prácticas monopólicas; también ocurre a la inversa, cuando se crean empresas o empresarios a modo para que ciertos políticos abusen de sus puestos y conexiones. Pero generalizar esas conductas al conjunto empresarial es tan injusto como descalificar a toda una sociedad por los errores de unos cuantos. La inmensa mayoría de los empresarios mexicanos son mujeres y hombres que trabajan con ética, que creen en su país y que buscan aportar valor más allá de la ganancia personal.

Por ello es fundamental que la sociedad y el gobierno reconozcan que sin empresarios no hay desarrollo, empleo ni movilidad social; y, al mismo tiempo, los empresarios tenemos la responsabilidad de comunicar mejor nuestro compromiso con un desarrollo inclusivo e integral. Ese es el nuevo pacto social que debemos construir: confianza mutua, cooperación y visión compartida.

Ser empresario, en realidad, significa ser un constructor: de empleos, de futuro y de confianza. Significa apostar por México todos los días, aun en medio de la incertidumbre. Es, al final, un acto de fe en nuestra gente y en nuestro país.