Turismo sin miedo: la campaña que México necesita
La advertencia del Departamento de Estado estadounidense que coloca a Chihuahua en su lista de zonas de riesgos no es solo una exageración, es un golpe directo a la economía de miles de familias que dependen del turismo, la inversión y la confianza internacional. Mientras el gobierno federal se limita a descalificar la alerta sin una estrategia contundente, desde el empresariado ha emergido un llamado a la coordinación y a la generación de una campaña internacional agresiva, de promoción comercial, turística y de relaciones públicas que cambie la narrativa global sobre el país y, en particular, sobre nuestro estado.

Jorge Treviño
La advertencia del Departamento de Estado estadounidense que coloca a Chihuahua en su lista de zonas de riesgos no es solo una exageración, es un golpe directo a la economía de miles de familias que dependen del turismo, la inversión y la confianza internacional. Mientras el gobierno federal se limita a descalificar la alerta sin una estrategia contundente, desde el empresariado ha emergido un llamado a la coordinación y a la generación de una campaña internacional agresiva, de promoción comercial, turística y de relaciones públicas que cambie la narrativa global sobre el país y, en particular, sobre nuestro estado.
Chihuahua ha recibido en los últimos años a miles de visitantes extranjeros sin incidentes graves. Sin embargo, esta realidad se ve opacada por una percepción internacional que, aunque distorsionada, tiene consecuencias muy reales; ante ello el mensaje es claro: si no actuamos con velocidad y contundencia, el daño será irreversible.
El problema de fondo no es la alerta en sí, sino la falta de una estrategia integral, para combatir la percepción de inseguridad. Mientras otros destinos turísticos del mundo responden a estas crisis con planes de comunicación inmediatos y alianzas público-privadas, México sigue anclado en la reactividad.
Entonces: ¿Dónde está la campaña internacional que muestre las decenas de miles de viajeros que recorren cada año las Barrancas del Cobre sin problemas? ¿Por qué no se ha creado un sistema de certificación que garantice a los visitantes zonas con vigilancia reforzada y protocolos de respuesta rápida? Estas incógnitas no pueden esperar.
Por ello es necesario un plan de acción inmediato que vaya más allá de los comunicados de prensa. Primero, una alianza con gobiernos estatales y cámaras empresariales para llevar datos duros a los tomadores de decisiones. Segundo, la creación de un consejo de imagen urgente, con líderes empresariales, académicos y figuras públicas tanto nacionales como locales, para diseñar una contraofensiva mediática en medios internacionales. Tercero, que el gobierno federal destine recursos específicos para blindar la seguridad en zonas estratégicas, con metas públicas y medibles.
Pero hay una verdad incómoda que no podemos eludir: ninguna campaña de imagen funcionará si no va acompañada de resultados tangibles en seguridad. No son necesarios discursos, sino operativos reales en carreteras, aeropuertos y centros turísticos; no solo promesas, sino un sistema de transparencia que permita a empresarios y turistas verificar los avances. La experiencia nos ha enseñado que cuando las autoridades y el sector privado trabajan juntos, los resultados llegan.
Este momento exige grandeza y certeza. No se trata de politizar la seguridad, sino de proteger el empleo, la economía y el futuro de Chihuahua y de todo México. La alerta de EE.UU. debe ser el parteaguas que nos obligue a construir una nueva narrativa, basada en hechos y no en prejuicios.
El empresariado asumió el compromiso de ser puente propositivo pero lo importante es que el gobierno federal comprenda que no es un tema de orgullo herido, sino de supervivencia económica. Las palabras ya no bastan: es hora de actuar.