Las mañaneras: una oportunidad desaprovechada

Artículos de opinión
Por Jorge Treviño
01/06/2026

La comunicación pública importa más de lo que a veces creemos. En un país tan complejo como México, la manera en que un gobierno comunica sus prioridades puede generar confianza, certidumbre y rumbo… o exactamente lo contrario.

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Jorge Treviño

 

La comunicación pública importa más de lo que a veces creemos. En un país tan complejo como México, la manera en que un gobierno comunica sus prioridades puede generar confianza, certidumbre y rumbo… o exactamente lo contrario.

La idea de que la Presidencia de la República tenga un espacio diario de comunicación con los ciudadanos no es mala en sí misma. De hecho, bien utilizada, podría convertirse en una herramienta extraordinaria de gobierno. Un ejercicio moderno de rendición de cuentas donde se informen avances, se expliquen decisiones y se transmitan con claridad los objetivos nacionales.

Imaginemos por un momento conferencias enfocadas en resultados concretos: indicadores de seguridad, avances en infraestructura, desempeño económico, metas educativas o proyectos estratégicos. Espacios donde cada dependencia explique qué está haciendo, qué resultados está obteniendo y cuáles son los retos pendientes. Un verdadero tablero de control nacional abierto al ciudadano.

Ese tipo de comunicación fortalecería la confianza institucional y elevaría la calidad del debate público. También permitiría algo fundamental: distinguir entre propaganda y gobierno.

Desafortunadamente, las conferencias matutinas han ido tomando otro rumbo. Con demasiada frecuencia, el espacio termina dominado por la narrativa política, la polarización y la descalificación de quienes piensan distinto. La discusión pública gira más alrededor del conflicto diario que de la evaluación objetiva de resultados.

Y ese es un problema de fondo.

Porque cuando la comunicación gubernamental se centra más en controlar la conversación que en transparentar la gestión, el país pierde una oportunidad enorme. México necesita menos confrontación y más claridad. Menos discursos de campaña y más visión de Estado.

Gobernar también implica comunicar con responsabilidad. Significa informar con datos verificables, reconocer errores cuando existan y explicar con seriedad cómo se enfrentarán los desafíos. La confianza pública no se construye únicamente con popularidad; se construye con credibilidad.

México enfrenta retos demasiado importantes en seguridad, crecimiento económico, energía, salud y Estado de Derecho como para desperdiciar un instrumento de comunicación tan poderoso en dinámicas de polarización cotidiana.

Las mañaneras todavía podrían evolucionar hacia un ejercicio institucional de alto nivel. Pero para lograrlo, tendrían que dejar de funcionar como una arena política permanente y convertirse en lo que el país realmente necesita: una herramienta de liderazgo, unión, coordinación y rendición de cuentas.

Porque comunicar no debería servir para dividir al país, sino para darle dirección.