Productividad o subsidio: la decisión que define el futuro
Los apoyos sociales cumplen una función legítima cuando atienden vulnerabilidades reales. El Estado debe proteger a quien más lo necesita. El problema surge cuando el subsidio deja de ser puente y se convierte en destino; cuando sustituye la creación de valor en lugar de impulsarla; cuando deja de ser un apoyo y se convierte en un arma electoral.

Jorge Treviño
México enfrenta una disyuntiva determinante: construir un modelo basado en la productividad o acostumbrarnos a una economía sostenida por subsidios.
Los apoyos sociales cumplen una función legítima cuando atienden vulnerabilidades reales. El Estado debe proteger a quien más lo necesita. El problema surge cuando el subsidio deja de ser puente y se convierte en destino; cuando sustituye la creación de valor en lugar de impulsarla; cuando deja de ser un apoyo y se convierte en un arma electoral.
Un país no se desarrolla repartiendo riqueza. Se desarrolla generándola.
La mejor política social es el empleo formal. Es el joven que encuentra oportunidades porque existe un entorno que premia el esfuerzo y la innovación. Es el trabajador que sabe que, con talento y mérito, puede crecer y mejorar su calidad de vida. Es el emprendedor que entiende que con una idea y trabajo se abren puertas y nacen nuevas empresas. Es la empresa que invierte, arriesga, contrata y capacita.
Sin productividad no hay competitividad.
Sin competitividad no hay inversión.
Sin inversión no hay empleo.
Y sin empleo no hay bienestar duradero.
Hablar de productividad no es ideología; es matemática económica. Significa educación técnica alineada al mercado, energía competitiva, infraestructura eficiente, seguridad jurídica y simplificación regulatoria. Significa reglas claras y políticas que generen confianza.
Cada peso destinado a fortalecer capacidades productivas genera un efecto multiplicador. Cada peso destinado únicamente al consumo inmediato produce un alivio temporal.
El subsidio puede aliviar el presente. La productividad construye el futuro.
Chihuahua tiene una oportunidad histórica. Somos una región industrial y exportadora, con talento y cultura de trabajo. Pero si no fortalecemos nuestro ecosistema productivo —desde la formación técnica hasta el Estado de derecho— corremos el riesgo de depender cada vez más del gasto público y menos de nuestra capacidad de generar valor.
Desde COPARMEX creemos en un modelo que combine sensibilidad social con responsabilidad económica. No se trata de cancelar apoyos, sino de complementarlos con políticas que impulsen movilidad social real.
El debate no debe ser empresa contra programas sociales. Debe ser cómo logramos que cada apoyo tenga una salida productiva: capacitación, formalización y empleabilidad.
El reto no es repartir mejor lo que tenemos, el reto es producir más y mejor.
Porque el bienestar que depende del presupuesto es vulnerable y de corto plazo, mientras que el bienestar que depende del trabajo productivo es sostenible y escalable.
Esa es la decisión estratégica que definirá el país que heredaremos.