T-MEC 2026: La ilusión del aliado y la urgencia de la soberanía

Artículos de opinión
Por Jorge Treviño
24/07/2026

Llama la atención cómo temas que antes se abordaban como asuntos estrictamente soberanos, hoy se discuten en la arena internacional. Particularmente, nuestro vecino del norte está siendo sumamente directo en su intención de intervenir y "corregir" situaciones internas que, a su juicio, vulneran la estabilidad de la región.

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La actual revisión del T-MEC está dejando en claro que el libre comercio, tal como lo conocíamos, ha pasado a segundo plano. En las mesas de negociación ya no se debate únicamente sobre aranceles o reglas de origen; lo que realmente está bajo la lupa son la seguridad, la gobernabilidad y el Estado de derecho. Estamos ante un tratado de naturaleza completamente distinta, donde la vieja y diplomática retórica de la "solidaridad regional" se ha desvanecido, abriendo paso a una política directa y sin filtros.

Llama la atención cómo temas que antes se abordaban como asuntos estrictamente soberanos, hoy se discuten en la arena internacional. Particularmente, nuestro vecino del norte está siendo sumamente directo en su intención de intervenir y "corregir" situaciones internas que, a su juicio, vulneran la estabilidad de la región.

Bajo una primera mirada, de repente pareciera que Estados Unidos se ha convertido en el aliado ideal para México. Sus exigencias suenan como una lista de deseos que cualquier ciudadano firmaría: desvincular al gobierno de la delincuencia organizada, erradicar la corrupción, mejorar las condiciones laborales de los trabajadores mexicanos, lograr suficiencia energética, fortalecer las instituciones democráticas y garantizar certezas jurídicas.

Sin embargo, la ingenuidad es el peor error en la geopolítica. La historia nos ha demostrado que Washington actúa siempre en función de sus propios intereses. Y si la historia parece lejana, basta con escuchar el discurso del presidente Donald Trump y su equipo negociador: su brújula no es el desarrollo de sus socios, sino el beneficio exclusivo de su nación.

Debemos quitarnos la venda de los ojos: Estados Unidos no vendrá a salvarnos de nuestras propias fallas, ni a resolver las crisis estructurales que no hemos querido o podido solucionar nosotros mismos. Si sus presiones ayudan a mitigar ciertas debilidades institucionales en México, no será por un interés filantrópico o integral hacia nuestro desarrollo, sino porque corregir ese problema en específico conviene a su agenda de seguridad nacional o electoral.

Como mexicanos, no podemos sentarnos a esperar que la presión externa haga el trabajo doméstico. Debemos aprovechar la coyuntura del T-MEC y las exigencias de nuestro vecino como un catalizador para corregir lo que está mal, pero haciéndolo con una visión propia, de largo plazo y con estricto sentido de conveniencia nacional.

La soberanía no se defiende con discursos aislados ni con retórica nacionalista. Se defiende construyendo desde adentro instituciones sólidas y el Estado de derecho que un país libre e independiente necesita para gobernarse a sí mismo.